Un barco llamado emociones


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El secreto para el éxito de tus relaciones eres tú


Las emociones son el impulso primario que nos motiva a actuar en una relación: desde acercarnos a esa persona que nos gusta, quejarnos cuando algo nos afecta o hasta fortalecer ese deseo sexual hacia la persona amada. Por eso son tan importantes, porque nos dan el impulso y la dirección, como un barco que nos lleva hacia el puerto que buscamos. Sin embargo, son tan solo la punta del iceberg en el proceso de encontrar pareja.


Y no, las mujeres no somos más emocionales que los hombres. Ambos manejamos un sinnúmero de experiencias que impulsan nuestras emociones. No estamos en desventaja en ese sentido. Aunque también es cierto que socialmente se nos ha asignado mayor libertad a manifestar las emociones, aun cuando al manifestarlas nos cataloguen como mujeres débiles.

Lo que realmente se encuentra con mayor profundidad y constancia en nosotros son esos sentimientos que se han desarrollado y arraigado en nuestra mente, pues son los que, en ocasiones, determinan el “título” que le asignaremos a dicha relación. En este caso, esos sentimientos establecen si una relación es confiable, sólida o, por el contrario, inestable.


Pero en esencia, ¿en verdad elegimos pareja?

En cierta medida, escogemos personas que anhelamos conservar en nuestras vidas por un tiempo largo o corto. De hecho, la emocionalidad que despierta alguien en nosotros es lo que nos impulsa a querer permanecer cerca de ellos o salir corriendo. Es esa energía o esa información que nos transmiten otros, en interacción con nuestras observaciones, lo que nos atrae o nos aleja de dichas relaciones.

Por otra parte, hay motivaciones que nos impulsan a elegir pareja de manera reactiva. Es decir, crear un libreto de toda la historia y buscar un protagonista que se ajuste a ella. Cuando le comparto a mujeres la oportunidad de definir su relación ideal, suelen describir a la pareja ideal. De eso se trata, de que estamos más enfocadas en conseguir ese alguien que nos va a rescatar, a completar, a cambiar; cuando en realidad debemos prepararnos para construir las relaciones que deseamos tener un día a la vez. Con la apertura a cambiar nuestras propias conductas y abandonar las creencias limitantes. Tener relaciones es una aventura hermosa que forma parte esencial de nuestra vida.



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