Masturbación femenina, la moral y el cuidado

Updated: Jun 23

Les comparto un resumen de mi informe sobre masturbación femenina y la Teoría de Ética del Cuidado de Gilligan, como parte de mi maestría en sexopedagogía.



La masturbación es la acción que consiste en estimular los órganos sexuales con las manos mediante caricias, o por otro medio, para proporcionar u obtener placer sexual. Su origen proviene del latín masturbari. También se relaciona con la palabra manu stuprare que se identifica como “auto-violación”. A su vez, la palabra masturbación está descrita en la definición de onanismo, que significa la interrupción del acto sexual antes de la eyaculación. Refiriéndose directamente a que la masturbación sería un acto masculino, no femenino. Dejando a la mujer fuera del plano de la gratificación sexual.


Se ha encontrado por medio de diversos estudios que la masturbación tanto femenina como masculina tiene beneficios a nivel de salud. Entre ellos, reducir el estrés, liberar tensión (una de las fuentes principales de migrañas y otros dolores) y ayuda a dormir mejor. También se ha descubierto que la liberación hormonal del cortisol refuerza el sistema inmunológico y que la masturbación puede ayudar a superar las barreras psicológicas que, en ocasiones, conducen a disfunciones sexuales como la anorgasmia o aquellas relacionadas a la fase del deseo y excitación en el ciclo de respuesta sexual.


Tan cercano como en el siglo XIX se consideraba que la masturbación era el origen de múltiples males como la depresión y la psicosis delirante. No obstante, hoy ya es utilizada con propósitos de terapia para disfunciones sexuales, además de tener una mayor apertura a realizarse simplemente para el disfrute personal.


Pero, ¿de dónde proviene el hecho de que la masturbación se muestre como algo negativo, pecaminoso, obsceno o inmoral?

La obscenidad es un aspecto legal que afecta la sensibilidad y quita la paz interfiriendo con el espacio personal de alguien más. Por lo tanto, lo que es obsceno lo determinan los patrones sociales establecidos en cada sociedad. Dichos acuerdos morales y legales de la sociedad, o incluso lo que es incómodo para la sociedad asimilar se convierte en obsceno o inmoral. Porque dicha “moral" está basada en los juicios sociales previamente establecidos.


Para poder entablar una relación entre la masturbación femenina y el aspecto moral y social, preciso enfatizar en la teoría de moral establecida por Carol Giligan, la cual se enfoca en la ética del cuidado. Por tanto, priorizando en el cuidado que nos damos a nosotros mismos, un tanto en opuesto al cuidado que le damos a otros, considerando que solemos inclinarnos a lo que es cómodo para otros y nos hace ser, entonces, “buenas personas”.


En dicha teoría, Giligan establece tres niveles de la moral de cuidado, con transiciones que intervienen entre la primera y segunda etapa y entre la segunda y tercera etapa. Básicamente, diseñados como el puente de racionalización para pasar a la próxima etapa. Si miramos la masturbación femenina como un aspecto de cuidado personal, podemos plantearlo en dos vías: lo que es correcto y/o saludable para la mujer versus lo que es cómodo, correcto o saludable para la sociedad.


¿Cómo la teoría de la ética del cuidado nos puede ayudar a convertir la visión negativa de la masturbación en una visión centrada a la naturalidad de nuestra sexualidad? No podemos desligarnos de nuestra sexualidad, porque todo está en ella. Es por esto que el primer nivel en la teoría de Giligan es el yo y la atención y cuidado que le proveemos al mismo.


En segundo nivel, se encuentra el yo en lucha con los otros por medio de la relegación propia a un segundo plano. Durante años, las mujeres vimos sacrificada nuestra libertad sexual para poder: (a) cumplir con los estándares sociales previamente establecidos; (b) cumplir con su rol de esposa y compañera, que no busca gratificación sexual propia, sino suplirse a sí misma como ente de satisfacción sexual.


Digamos que nuestra naturaleza sexual estaba basada en el primer nivel de la teoría de Giligan. Y que en el proceso evolutivo, socialmente se consideró egoísta la auto-estimulación, que no se enfocaba en la reproducción. Por tanto, nos encajonamos en el segundo nivel de la teoría, donde nos entablamos en una lucha amplia con nuestro yo y lo que era socialmente correcto, y elegimos “cuidar" a la sociedad y su visión de cómo debe comportarse sexualmente una mujer.


Finalmente, el tercer nivel, casi utópico de esta teoría presenta un equilibrio entre el poder y el cuidado de sí misma, por una parte, y el cuidado de la sociedad por otra parte. ¿Cómo vemos esto proyectado? Sencillo. En la educación sexual saludable e integral. Capacitarnos profesionalmente nos permite conocer los aspectos que conlleva una salud sexual y partiendo de ese conocimiento, continuar el proceso educativo crea una acomodación y asimilación del descubrimiento de nuestra sexualidad como parte de nuestro auto cuidado necesidades primarias, y no como una actividad o acción obscena.



Erika Michael es especialista en relaciones saludables, trabajadora social, autora y estudiante de Maestría en Sexualidad.

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